Archivo de la etiqueta: Kenzaburo Oé

La presa de Kenzaburo Oé

“Mi hermano pequeño y yo estábamos hurgando con unos palos en la tierra blanda, que apestaba a grasa y a ceniza, del crematorio del valle, un crematorio improvisado y de lo más sencillo: un mero foso casi a ras del suelo en un calvero abierto en medio de una espesa vegetación de arbustos. La bruma del crepúsculo, fría como las aguas subterráneas que manan en los bosques, ya llenaba el fondo del valle; pero sobre la pequeña aldea donde vivíamos…”
LaPresa

Cuando leí ‘Kafka en la orilla’ de Murakami me interesé por la literatura japonesa, a pesar de que asumo que la traducción debe ser tan correosa como aniquiladora. ‘El ojo crítico’ de Radio Nacional me propuso leer ‘Renacimiento’ de Kenzaburo Oé, así que lo apunté en una de esas listas de libros que uno se debe a sí mismo. Al final he leído ‘La presa’ seguramente porque estuviese en el momento adecuado en el lugar preciso. Eso sí, algunas de las oraciones utilizan adjetivos tan extraños que no puedo sino ver la mano del traductor haciendo de las suyas.

A primera vista me resultaba curioso que los dos autores japoneses me propusieran una historia en la que tiene un gran peso la figura inocente de los niños y un avión. Pero es que a Oé le otorgaron el premio Nobel en el 50 aniversario de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. En cambio, si algo diferencia a Oé del Kafka de Murakami es que en ‘La presa’ la trama es cronológicamente lineal, desarrollando una historia en primera persona desde el inicio del cuento hasta el final, sin despegarnos del protagonista, quien nos cuenta una única historia que, si bien hace la historia muy sencilla de leer, tal vez pierda en atracción y sugerencia. Esta presa me lleva a pensar en los autores españoles de la postguerra, con su realismo que todo lo cuenta. ¿Existirá un paralelismo universal en la literatura que lleva a identificar la manera de escribir con un momento temporal concreto?

Tal vez lea ‘Renacimiento’; espero encontrarme con la frescura y las propuestas que no he encontrado en ‘La presa’.

Sayonara.

Anuncios