discotecas y/o microondas

Lo que no me puedes reprochar es que no haya perdido horas y horas de mi vida durante estos años cuidándote, limpiándote, cocinándote los mejores platos. Como cocinera tengo que decirte que los mejores platos tardan muchísimos minutos en prepararse. Pero vaya, parece que tú prefieres salir a cualquier discoteca a comerte una lasaña precocinada que se prepara en dos minutos. Luego no me vengas llorando, los platos precocinados dejan dolor de tripa.

Los violentos del fútbol.

Hay cosas que son increíbles. Como sabéis hoy es la final del campeonato de clubs de fútbol más importante del mundo, la Champions League, y se juega muy cerca de mi casa. En el metro me ha pasado una cosa curiosa. Era uno de esos nuevos trenes que conecta el aeropuerto con la castellana de un único vagón. Yo ya me imaginaba que me encontraría con futboleros italianos y alemanes. Eran un grupo de muchachos italianos, alegres por el Sol y seguramente por más de una cerveza. Los alemanes eran una familia, o eso parecía, compuesta por un matrimonio que rondaba la cincuentena y una muchacha alta y pelirroja. Al principio la cosa estaba siendo divertida, pero sólo al principio. Los italianos, envalentonados por el anonimato de la ciudad ajena y las cervezas han empezado a cantar en el convoy. Los tres alemanes soportaban estoicamente la tormenta de gritos con sonrisas. ¡Qué pena no saber alemán para haber apoyado a los que estaban en inferioridad! La cosa parecía que iba a ser amable cuando los italianos me han pedido que les hiciese una foto, y luego otra mezclados con los alemanes. Pero la cosa ha cambiado cuando querían hacerse una foto con la alemana, dejando fuera de la foto a los viejos. Aprovechando la confusión, mientras la pelirroja me miraba a través del objetivo, alguno de los morenos milanistas le ha tocado el culo. Ella ha dado un respingo. Su padre, que se ha percatado de la situación se ha levantado furioso.

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Los girasoles ciegos de Alberto Méndez

“Ahora sabemos que el capitán Alegría eligió su propia muerte a ciegas, sin mirar el rostro furibundo del futuro que aguarda a las vidas trazadas al contrario. Eligió entremorir sin pasiones ni aspavientos, sin levantar la voz más allá del momento en que cruzó el campo de batalla, con las manos levantadas lo necesario para no parecer implorante y, ante un enemigo incrédulo, gritar una y otra vez «¡Soy un rendido»…

Lo mejor que he leído en mucho tiempo. Cuatro cuentos engarzados de una finura espectacular sobre un tema tan manoseado como los dramas personales en la guerra civil. Pero no esperes encontrar una novela de buenos y malos. Los cuatro títulos son significativos:

PRIMERA DERROTA: 1939 o Si el corazón pensara dejaría de latir.
SEGUNDA DERROTA: 1940 o Manuscrito encontrado en el olvido.
TERCERA DERROTA: 1941 o El idioma de los muertos.
CUARTA DERROTA: 1942 o Los girasoles ciegos.

Méndez nos presenta a un corazón que piensa, el manuscrito de un poeta al que se le escapa la vida en la huida, un muerto que habla en vida en la cárcel de los que van a ser fusilados y una familia que esconde sus deseos y sus miedos en una nueva sociedad que surgía como girasoles ciegos después de la guerra.

Me gusta especialmente el segundo cuento. Un diario brutal sin desperdicio que, además de ser una historia muy bien estructurada y sujeta desde algo tan difuso y frágil como una bitácora personal, tiene algunas perlas éticas y filosóficas muy agradables (Alberto Méndez se licenció en filosofía en la Universidad Complutense de Madrid). Pero no se trata de aforismos evangelizantes, sino de una estética tan abrumadora que deja unos posos de opinión que, desde un bando y otro, desvelan la suciedad que trae la guerra.

Porque las historias de ‘Los girasoles ciegos’ no hablan de bandos, de vencidos ni de vencedores, sino que rasga los uniformes para toparse con la piel, las entrañas y las secreciones de los individuos que están en la trinchera del 39, en el monte del 40, en la prisión del 41, en la infancia rota del 42…

En cuanto me dí cuenta de lo mucho que me estaba gustando me puse a buscar otras obras del autor. Pero no tuve éxito. Esta fue su primera novela publicada, ¡Nada más y nada menos que a la edad de 63 años!, muriendo once meses después de la publicación y sin dejar ninguna otra novela terminada.

Totalmente recomendable. Si no lo tienes, te lo presto.

drama

Estuve enamorado de ella cuatro horas al día, seis días por semana, durante cinco meses.

¡Y caía el telón! Fin de la obra, inicio de la ficción.

Soldados de Salamina de Javier Cercas

Fue en el verano de 1994, hace ahora más de seis años, cuando oí hablar por primera vez del fusilamiento de Rafael Sánchez Mazas. Tres cosas acababan de ocurrirme por entonces: la primera es que mi padre había muerto; la segunda es que mi mujer me había abandonado; la tercera es que yo había abandonado mi carrera de escritor. Miento. La verdad es que, de esas tres cosas, las dos primeras son exactas, exactísimas; no así la tercera…”Portada de Soldados de Salamina

A priori puede parecer otro libro más de esa corriente guerracivilista que parece haber despertado como un ogro en las librerías en los últimos años. Es cierto que es una historia que habla de un episodio de la guerra civil, pero la trama se desarrolla en el presente. Un escritor que escribe la novela que tienes entre manos; metaliteratura.

La novela se divide en tres partes: ¿Principio, nudo y desenlace? Tal vez, pero a su vez cada una de estas partes se podrían tomar como relatos independientes. Tal vez se haga demasiado espesa la Historia que contiene, pero al ser  una historia que va subiendo en intensidad creo que merece la pena.

En definitiva, un desarrollo interesante para entender la relación entre literatura y realidad.

Nota: Esta es sólo una opinión personalísima sin ninguna intención de trascendencia. Si decides copiarla para un trabajo del instituto no me vengas llorando porque te han puesto un cero.

agencias matrimoniales 2.0

– ¿Tienes feisbuk?
– No, ya tengo pareja.

otro gato

Y si eres un gato…

Callejero, maloliente, apátrida, solitario, ateo, nocturno y noctámbulo.

Y si eres un gato te llamo;  Estoy en los tejados, enfermo, descarriado.

Saca las uñas, estira las patas, bufa en la cara, salta a los ojos y los desgarra.

Y eres un gato.