de como se muere un poeta

Ayer vi a un tipo vestido como un superhéroe por la calle, con ropa de plástico amarilla y con capucha, caminando empapado bajo el chaparrón que estaba cayendo.

– Perdona, ¿tú eres el tío que va llamando a todos los telefonillos, no? – Le dije.
– Sí, ¿qué pasa? – El hombre parecía malhumorado ya desde por la mañana. Yo desde que leí “El cartero” de Bukowski supe que esa no era una profesión para mi, y menos los días de lluvia.
– A ti te dejan entrar en todos los portales, no?

Así que le contraté de sicario. Y él sin saberlo.
Le escribí la carta más bonita que pude a Neruda; Un DIN-A 4 en blanco. La metí junto al resto de regalos en una caja tamaño estandar que forré, como decían las indicaciones, con papel sin publicidad. Puse su dirección y un sello matasellado para dar el pego. El remite lo inventé, total no iba a servir de nada. “Antonio Skármeta”, por ejemplo.

Esta mañana casi a la misma hora ha vuelto a aparecer el cartero, con menos lluvia en los hombros pero con más charcos en los pies. En la misma plaza donde hablamos ayer hemos hecho el intercambio; Su palabra de entregar el paquete a cambio del paquete y cien pavos. SI le hubiese ofrecido más hubiese sido sospechoso, bastaba que hiciese la entrega en mano a dos manzanas de allí.

Por supuesto le seguí, estaba impaciente. Aún tuvo que hacer entregas en cuatro direcciones antes de llegar a la casa del vate. Pero al fin lo hizo. Entró en aquella casa marinera en medio de la ciudad con la entrega y salió a los pocos segundos sin ella.

Esperé a la vuelta de la esquina el comienzo de esa magnífica sinfonía que fue escuchar la brutal detonación, el ruido de cristales rompiéndose, las alarmas de los coches, los ladridos de los perros vagos y algunos grito de unos viandantes, mezzosopranos creo.

Si el mensajero piensa delatarme tendrá primero que pensar como excusarse del soborno que ha aceptado. Si al final me delata contará a la policía que un tipo en vaqueros y camiseta negra, moreno y de ojos marrones, de complexión media y sin cicatrices ni tatuajes visibles le ha obligado a hacer la entrega amenazándole con una pistola y sin ningún dinero de por medio. Y la policía me buscará como quien busca una paja en un pajar.

Al menos fui el último en despedirme de Neruda.

Adios Pablo, te he escrito los versos más tristes esta noche. Nunca más volverás a hacer elogios del silencio. Fdo: Tzarowski.

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9 Respuestas a “de como se muere un poeta

  1. Pues eso, lo dicho…un αs en el descαrte de lαs letrαs.

    Como siempre y porquesí*

  2. Volvi a leer algunas partes del cartero hace poco,
    y creo que este final no se le ocurre ni a Bukowski.
    Me pones a huevo con lo de los elogios del silencio este link. Te vas a reir.

  3. Yo también me cargaría algún escritor de relatos. La envidia tiene estas cosas.
    Salut

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