Naranjas naranjas redundantes

Basta hablar del olor a pan de Valparaíso, de sus calles anchas y de sus omnipresentes cuestas, escaleras y ascensores. Si subo escaleras no me acerco a la divinidad, si huelo a pan no evoco la esencia del trigo amarillo molido en piedras que vieron pasar años y manos.

Baroja nunca escribió sobre la policromía de las fruterías porque nunca conoció ninguna en blanco y negro.

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