Mario me dijo que sus hijos lloraban más en los conciertos de guitarra en mano y voz melosa en pequeños teatros de los que tenían que salir corriendo si venían los de gris, que en los grandes festivales de rock, vino y papel de liar.

Mi padre no fué Mario, pero me llegaron dentro sus palabras. Y meses después lloré con Silvio y me acordé de su mostacho, de sus letras, de sus cuentos y su lucha. Y aquel momento era de lucha, de la lucha de ella, de la de él, de la suya y la vuestra, de la de tantos. Y les ví a los dos años atrás luchando por sus sueños que ya eran los míos.

Meses después a Silvio le tocó la lotería y decidió seguir el consejo de Gila, llamar al partido comunista y desapuntarse. Y volvió a subirse al escenario, pero ya era un dios y no un proleta. Ahora, si quieres ir a verle, a sesenta la butaca. Bendito el salario mínimo, las clases trabajadoras y el negocio de la lucha. Como si tu fueras el comunismo, Silvio.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s