– Mar –
Había quedado con él a las tres de la tarde, en la cala de las conchas azules. llegarían por separado, cada uno con una caja de medicamentos apenas empezada. A las tres y no antes. A las tres y no después. Sabían que sería más facil hacerlo juntos, como lo habían hecho casi todo estos diez últimos años, excepto follarse.

Mar se sentó en la piedra en la que tantas veces habían visto juntos ponerse el Sol sobre el Mediterraneo. Su reloj marcó las tres. Y allí estaba sola. Sola y rendida.
Abrió la caja sin dolor de cabeza y se tragó una a una las treinta pastillas menos tres que aún quedaban.
Antes de las tres y diez ya se había comido todas.

– Carlos –
Había quedado con ella a las tres de la tarde, en la cala de las conchas azules. llegarían por separado, cada uno con una caja de medicamentos apenas empezada. A las tres y no antes. A las tres y no después. Sabían que sería más facil hacerlo juntos, como lo habían hecho casi todo estos diez últimos años, excepto follarse.
Salió de su casa temprano. A las ocho de la mañana desayunó tostadas con mermelada como cada día.
Cogió la bicicleta y visitó la piedra en la que tantas veces habían visto juntos ponerse el Sol sobre el Mediterraneo. Su reloj marcó las tres. Y allí estaba solo. Solo y rendido.
Abrió la caja sin dolor de cabeza y empezó a comer una a una las treinta pastillas menos seis que aún quedaban.

– Mar –
Empezó a marearse. Se tumbó en la arena. Un dolor terrible de estómago, ganas de vomitar, vista doble y el ruido atronador de las olas al romper.
Cerró los ojos arrepentida intentando dormir.
Abrió los ojos de repente y vió pájaros hablar, nubes doradas y a Carlos emergiendo del agua con el torso desnudo cabalgando un enorme pez. Se echó a reir. Cerró los ojos y durmió.

– Carlos  –
Maldijo a Mar y a su cobardía. Y lanzó mil piedras a un mar enfurecido. Y terminó lanzando la mitad de las pastillas contra las olas. Y se lanzó al mar decidido a llegar al rompeolas.
Llegó exhausto, aturdido por las pastillas, adormecido. Se sentó del lado de donde se presentaba el mar eterno e infinito. Durmió como un niño, como un viejo que no quiere despertar más.

– Carlos –
La marea comenzó a subir. Las olas le saludaron un par de veces antes de que se terminase de incorporar. Tenía los ojos irritados y las olas se estaban enfureciendo. Saltó de nuevo al mar. Siguiendo la corriente nadó hasta la orilla mientras veía dibujarse en la piedra en la que tantas veces habían visto juntos ponerse el Sol sobre el Mediterraneo a Mar, tirada en posición fetal con los ojos desorbitados, durmiendo para siempre.
Nadó tan fuerte como nunca lo había hecho antes. Vió morir a Mar con una sonrisa en la boca.
Ella siempre se quejaba de la impuntualidad suiza de Carlos, pero nunca se preocupó de poner pilas nuevas a su viejo reloj de manillas doradas.

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5 Respuestas a “

  1. Me gusta.

    Pero también creo firmemente (te seré sincera) que si quedo a una hora para suicidarme posiblemente sea de lo más meticulosa en comprobar antes que:

    a) Mi reloj esté en hora
    b) La otra persona esté ahi (ni antes ni después, la vista es un elemento indiscutible XD… si estás donde quedamos, te veo por cojones)

    Y si me quiero suicidar en plan, muerte, ahora! Pues entonces si que me trae sin cuidado Carlos, su reloj, el lugar y las pastillas.
    O una cosa o la otra! Pero para gozar de impuntualidad suiza hay que tener grandes dotes filosóficas.

    Repito, que me ha gustado…mucho! (:

    • Sí, probablemente tú seas tú y no Mar. Seguramente este texto contigo como protagonista llevaría un camino totalmente diferente. Quien sabe, tal vez tenga que hacer una versión del texto contigo como protagonista.
      Así que…
      a) Mar no fue tan meticulosa con su reloj. Tal vez los nervios, ó tal vez la última vez que comprobó la hora al salir de casa todo estaba correcto.
      b) Precisamente no estaban en el mismo lugar en el mismo momento. Cada uno lo visitó en su momento. Desde el otro lado del rompeolas es imposible ver la piedra y viceversa, y más si estás intoxicado por las pastillas.

      Y de todos modos… Me parece genial (y valiente) tu comentario. Gracias sinceras!!

      –Apunte personal–>Cuando las vidas de Otto y Ana se llenan de casualidades (más ó menos creibles) es cuando realmente se vuelven mágicas.

      • Tienes razón…yo no soy Mar (: corrijo mi postura… si yo hubieeeera sido Mar, la historia habría sido como dije…pero ya no sería tu historia!! Era obvio, he sido demasiado despistada!

        Tu apunte personal…

        es…

        ♥ …

  2. que mas da que ambos relojes no fuesen sincronizados…lo importante es que lo que tenia que suceder, sucedió…lo que habian planeado…
    ademas, así Carlos se llevó ese recuerdo de Mar con una sonrisa en la boca…debe de ser bonito irsé y que lo ultimo que veas sea eso, una sonrisa

  3. Dentro de la tristeza de la situación, me parece muy romantico.

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